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1- Cuando nace, el pie del niño presenta una estructura ósea cartilaginosa.
2- La planta del pie es plana y permanece así hasta los tres años, pero su sensibilidad es superior a la de sus manos.
3- Es importante observar al niño mientras juega o camina, para detectar posibles anomalías.
4- Conviene consultar a un pediatra periódicamente, ya que sólo el especialista podrá hacer un diagnóstico adecuado y plantear la solución oportuna, llegado el caso.
5- El uso del calzado de mala calidad favorece también este problema, ya que los pies no transpiran correctamente y el tejido que rodea a la uña puede reblandecerse.
6- La medida del zapato debe ser la correcta, ya que uno de tamaño equivocado hará que el niño adopte posturas forzadas.
7- Para favorecer la transpiración, sus calcetines deben de ser de hilo, lana o algodón, evitando los materiales acrílicos.
8- Cada niño imprime al zapato su propia forma de caminar y lo deforma de un modo diferente. Por eso, nunca deben pasarse los zapatos de uno a otro.
9- Confía en la seriedad de una marca especialista que garantice al niño un calzado adecuado a su momento de desarrollo y a la actividad que realiza.
10- Y recuerda que los zapatos deben de dejar crecer sus pies de forma natural.
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